TÀPIES EN EL GUGGENHEIM

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        El museo Guggenheim Bilbao presenta, desde el 4 de octubre hasta el 19 de enero, la muestra Antoni Tàpies: del objeto a la escultura (1964-2009), en honor al reconocido artista catalán fallecido el 6 de febrero del 2012. Ésta es, desde luego, la mejor retrospectiva nunca hecha sobre la obra “escultórica” (si es que puede catalogarse bajo esta etiqueta) de Tàpies, excluyendo así su más conocida obra pictórica. La exposición ha sido comisariada por Álvaro Rodríguez Fominaya.

        El pasado lunes, 16 de diciembre, tuve la oportunidad de asistir a la apertura exclusiva para Amigos del museo, donde se nos brindaba el privilegio de disfrutar de una visita guiada por las exposiciones temporales. De mi visita a la muestra de Tàpies se encargó Petra Joos, la directora de actividades museísticas del Guggenheim. Esto fue determinante a la hora de comprender el sentido de la obra de este artista, que resulta a priori compleja de entender.

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        La colección está dispuesta en distintas salas que reúnen varias fases de la creación de Tàpies, en cuanto a la cronología, la tipología y el material de las obras. Así, podemos clasificar el conjunto de piezas mediante las siguientes etiquetas: los primeros objetos de los años 60, las esculturas de tierra chamoteada, las esculturas de bronce, los muros y las puertas y los últimos objetos, que van desde los 90 hasta su última obra, El trillo, de 2009.

        En los objetos de la primera y última etapa (en sus últimos años vuelve la mirada hacia sus objetos de los años 60), destaca la fuerte influencia del arte póvera, en cuanto dispone objetos de uso cotidiano: ropa y telas, utensilios de cocina, cachivaches del mundo de la agricultura. Habitualmente nos presenta estos objetos sucios, mugrientos, desgastados, alterando su utilidad habitual, de modo que no podamos usarlos más para su cometido inicial. Esta idea de escoger un objeto de uso cotidiano ya manufacturado y negarle su funcionalidad para elevarlo a categoría artística es, precisamente, la definición del concepto del ready-made duchampiano. De hecho, de esta misma idea partirán innumerables propuestas artísticas a lo largo de todo el siglo XX.

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        Existen también ciertas alusiones implícitas a los oscuros años de la guerra civil y la posguerra en estos objetos, enlazando con su obra pictórica y con la del pintor y escultor italiano Alberto Burri, en cuyas telas de sacos para trincheras, rasgadas y agujereadas, se pueden intuir la sangre y los orificios de las balas. La razón por la que Tàpies escoge estos objetos y no otros, colocándolos sobre un pedestal y legitimándolos así como piezas artísticas, es un misterio. Este aspecto es para mí el más fascinante de esta colección: el artista no explica el significado de sus composiciones , aunque es innegable que debió de percibir cierta poesía en los mismos. A mi parecer, es precisamente en este criterio, en las connotaciones poéticas y estéticas que se encuentran en la sencillez (y en ocasiones en la fealdad) de estos utensilios, donde reside la verdadera clave para entender a Tàpies.

        No obstante, a través de sus instalaciones (nudos colgados del techo, una pila de platos, un armario destartalado) se nos van dando pistas para ir construyendo los significados, para ir resolviendo los enigmas. Además, el artista catalán recurre repetidamente a una simbología muy personal, un lenguaje críptico que aparece en pintadas e inscripciones. Es el caso del número 3, la letra A o el símbolo de la cruz. Aunque se ha especulado mucho, lo cierto es que se desconoce cuál es la razón del uso de estos signos. Por todo lo dicho anteriormente, podríamos decir que, en palabras de Petra Joos, Tàpies nos muestra el camino pero somos nosotros quienes hemos de recorrerlo. Dicho de otro modo, el artista plantea un interrogante y es el espectador el que ha de completar la historia.

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        En lo que respecta a las esculturas, tanto en las de tierra chamoteada como en las de bronce, es cautivador el dominio que demuestra tener sobre los materiales y conmovedora la delicadeza con la cual los trabaja. Obras como El sillón o El colchón consiguen engañar al ojo, transformando el duro y frío bronce de forma que emula una superficie blanda y mullida. Por otro lado, los muros y las puertas podrían aludir al aislamiento que vivió el país durante los años de dictadura, representando alegóricamente las barreras de la censura y la represión.

        Concluyendo, la visita a la exposición Antoni Tàpies: del objeto a la escultura (1964-2009) ha supuesto para mí un grato acercamiento a la obra del recién fallecido artista, que bien merecía una retrospectiva tan digna como ésta.

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¿Y TÚ? ¿QUÉ OPINAS SOBRE ESTA EXPOSICIÓN? ¿entiendes la poética de la obra de Tàpies o te parecen un montón de objetos raros?

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