LA MUJER DEL MONÓCULO: OTTO DIX Y LA ALEMANIA DE ENTREGUERRAS

Cuando has estudiado la carrera de Historia del Arte es bastante común que te pregunten “¿cuál es tu cuadro favorito?” (por alguna razón existe cierta tendencia generalizada a referirse a la pintura y olvidar el resto de propuestas artísticas). Cualquiera que sienta pasión por las artes plásticas sabrá que contestar a esta cuestión es cuanto menos complicado. Para los melómanos empedernidos, seguro que también es casi imposible decantarse por un solo tema. Al fin y al cabo, la música o las artes plásticas tienen el mismo poder de emocionar y de transmitir a quien sabe apreciarlas. Por tanto, nunca he podido contestar a este tipo de preguntas (elegir un solo artista o una sola obra y excluir el resto me resulta muy difícil), sin embargo, en el proceso mental de elaborar una respuesta, siempre hay un par de ideas que revolotean por mi mente. Una de ellas es la mujer del monóculo que hoy quiero presentaros, ella:

"Retrato de la periodista Sylvia von Harden" de Otto Dix.

“Retrato de la periodista Sylvia von Harden” de Otto Dix.

Y es que, por más que pase el tiempo y por más propuestas artísticas fascinantes que vaya conociendo, nunca consigo olvidar este cuadro. Su nombre es Retrato de la periodista Sylvia von Harden, su fecha de nacimiento, 1926, su creador, el pintor alemán Otto Dix (1891 –1969 ) y su hábitat actual, el Centre Pompidou de París. La propia Sylvia von Harden, en un artículo de 1959 sobre Dix, relató cómo el artista la abordó por la calle y le pidió vehementemente retratarla, dado el impacto que le causó su imagen: “¡Tengo que pintarla! ¡Simplemente tengo que hacerlo! ¡Es usted la representación de toda una época!”. La periodista respondió, incrédula: “¿De modo que quiere usted pintar mis ojos sin brillo, mis feas orejas, mi larga nariz, mis finos labios… quiere usted pintar mis manos enormes, mis cortas piernas, mis grandes pies – cosas que solo pueden asustar a la gente y de ninguna manera agradar?”. La respuesta del pintor fue la siguiente: “Usted se ha caracterizado a usted misma de una forma brillante, y todo ello quedará plasmado en un retrato que será representativo de un período que no tendrá que ver con la belleza física de la mujer, sino con sus rasgos psicológicos”.

Fotografía de Sylvia von Harden.

Fotografía de Sylvia von Harden.

Fotografía de Otto Dix junto al cuadro original.

Fotografía de Otto Dix junto al cuadro original.

        Sin ninguna duda, Sylvia encarnaba a la perfección la idea de una nueva mujer ambivalente, la mujer de los años 20. Al inicio de la mítica película de Bob Fosse Cabaret (con Liza Minelli) hay una escena donde se recrea este cuadro. Von Harden era una periodista y poeta que frecuentaba el Romanisches Café de Berlín, lugar de encuentro de intelectuales y artistas. Su aguda inteligencia y su objetiva fealdad la convertían paradójicamente en seductora, liberada de los cánones de belleza que atormentaban a otras damas. Demasiado delgada, de nariz prominente y manos grandes y huesudas, su corte de pelo a lo garçon y el monóculo en el ojo derecho acentuaban su aspecto marcadamente andrógino. Otto Dix la pintó sentada a la mesa de dicho café berlinés, tomándose un coctel y fumando un cigarrillo, actitudes que entonces eran muy llamativas, provocadoras e impropias de una señorita.

        Otto Dix fue uno de los máximos exponentes de la Nueva Objetividad alemana, movimiento pictórico que surge tras la Primera Guerra Mundial y que supone una vuelta a la figuración, una alternativa a las corrientes vanguardistas que tendían hacia la abstracción o hacia lo conceptual. Durante la Gran Guerra, este artista se alistó voluntariamente para combatir en las filas alemanas, siendo posteriormente herido y quedando traumatizado por la experiencia bélica. Así, su obsesión se volvió plasmar en sus cuadros la brutalidad y dureza de la contienda y los efectos de ésta en la Alemania de la posguerra: los veteranos mutilados y desfigurados, los vagabundos, las prostitutas… No en vano, la Berlín del período de la República de Weimar se conocía como la “ciudad del vicio”, ya que era la metrópolis del libertinaje y la frivolidad. Proliferaban los cabarets y clubs nocturnos, los salones de baile, la cocaína. Mendigos, inválidos, parados y prostitutas invadían las calles. Para él y otros miembros de la Nueva Objetividad como Grosz, el arte se volvió una forma de espantar el fantasma de la guerra. Su pintura es extremadamente crítica y cruda, prestando especial atención a la prostitución, la violencia, la deformidad, la mutilación y la muerte.

Obra de Otto Dix.

Obra de Otto Dix.

Imagen

Obra de Otto Dix.

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Obra de Otto Dix.

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Obra de Otto Dix.

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Obra de Otto Dix.

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Obra de Otto Dix.

        La fealdad de Sylvia von Harden es una metáfora del período de Weimar, época en la que por otra parte florecen las principales corrientes de vanguardia en Alemania, como el expresionismo alemán (con películas como Metrópolis o el Gabinete del Doctor Caligari como obras maestras de este movimiento), la escuela de artes Bauhaus, el neoplasticismo, el dadaísmo berlinés o la Nueva Objetividad. Personalmente, lo que más me sorprende de este retrato es su potencia como símbolo de una era, la fuerza de esa imagen que todavía hoy sobrecoge (en sus rasgos afilados y en los rojos y bermellones del fondo y del vestido) y la ruptura definitiva con el mito clásico de la belleza de la mujer.

¿Y?

¿Qué opinas sobre este cuadro?

¿Puede la fealdad funcionar como valor estético?

¿Qué opinión merecían estas “mujeres modernas” en la sociedad de los años 20? ¿Estamos ante los primeros pasos hacia la igualdad de género o estaban vistas con desconfianza y preocupación?

Se abre el debate…

 

Videos de interés:

– Escena de la película Cabaret donde se recrea el cuadro de Otto Dix:

http://youtu.be/Ry_fR5H1GYw

 

– Documental (en inglés) “Berlín. Metrópolis of Vice” / “Berlín. La ciudad del vicio”:

Parte 1:

Parte 2:

Parte 3:

IMGP0284

El cuadro original en el Centre Pompidou de París.

2 pensamientos en “LA MUJER DEL MONÓCULO: OTTO DIX Y LA ALEMANIA DE ENTREGUERRAS

  1. Pingback: Otto Dix: un artista degenerat… | Avui no és Nadal

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